Flash delirium

jueves, 16 de junio de 2011

La noche de la perdición I

   Eran las 6 de la mañana y sentía que no llegaba a tiempo con todo lo que tenía que leer para rendir dos horas más tarde, mi parcial de Arte Precolombino. El café ya había desaparecido y los cigarrillos parecían consumirse sin compasión. Penélope, mi gatita, me invitaba con sus ojos a tirarme al sillón y hacer carne aquella frase que todos repetimos alguna vez mientras mantenemos viva la ilusión de ser lo que siempre quisimos ser: "Ya fue, a la mierda la facu, hoy me quedo durmiendo". Pero no, tomé aire, a regañadientes y puteando seguí leyendo... Después de todo, esa noche iba a tener una recompensa: era el cumpleaños del novio de Ceci, y seguramente habría mucha gente por conocer! (leáse entre líneas: muchos HOMBRES por conocer). Así que muy inspirada y llena de una esperanza inusitada continué estudiando. 
 Como siempre, a pesar de todas mis ganas, el parcial fue un fracaso, me fue para la mierda, me rompieron el orto. Pensé comprar con sexo al profesor, pero desafortunadamente era una profesora y además vieja y fea, digamos que el lesbianismo revolucionario y freak no me pegaba mucho. Ahora, como todo ser humano, tenía una excusa más para divertirme y ponerme en pedo esa noche. Llegué a casa, desganada y a la vez contenta, y me dediqué toda la tarde a dormir con Penélope. A eso de las 7 de la tarde mi celular empezó a sonar; no podía ser otra persona más que Sami "Amiga a las 12 te paso a buscar con el tutú por tu home! Venite linda eh! Fuera depresión, fuera depresión. Hoy va a ser la noche. Te quiero. No me hagas esperar!". Después de manotear el celular y leer el mensaje muy forzamente, mi cara esbozó una pseudo-sonrisa. "Ojalá que hoy me pase algo bueno, pensé". Me quedé otra hora haciendo fiaca y mirando el programa más choto que vi en mi vida "TENDENCIAS". Tendríamos que hacer una denuncia por la programación de los Sábados, pareciera que entre paréntesis nos quisieran decir "Sábado, la tele para los huecos y los estúpidos". Me levanté de la cama y me quedé mirando a Penélope, me estaba diciendo que me quede con ella. A pesar de dudarlo mucho, y de replantearmelo durante más de una hora, me negué a su invitación. Puse música a todo volumen, y a fuerza de una cerveza, empecé a vestirme. Quería verme distinta esa noche, así que saqué de la caja unas botas bucaneras, y las combiné al mejor estilo kitsch con unas calzas nacidas de la psicodelia y remera de Los Beatles, sin olvidar, claro, mi amada campera de cuero. Como toda mujer, después de tanto arreglo, me veía hecha un esquiafo, pero tenía muy pocas ganas de volver a re-producirme. Asi que esperé a Samantha tal y como estaba.



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